Club Subaru Todocamino

El club de usuarios de los Subaru más offroad.

Primera parte de la crónica:

Noche. La luna ya ha avanzado desde el horizonte y se muestra ahora lejos de los contornos que le daban cobijo, dibujados por las crestas del predesierto. Pero una nueva luz la ha desbancado en su intento por iluminar los rostros de los que allí estamos. Danza, al ritmo de los timbales, mostrando mariposas en el aire que vuelan ante nuestros ojos, sin otro sonido que nos distraiga mientras nos abandonamos entre sendos ritmos. Nos dan calor y nos elevan por encima de la arena para convertirnos en las cenizas de los pasos de los que año tras año se acercan al desierto. Ouzina. Manto naranja-amarillo que se contrapone a las negras montañas de telón de fondo, que mañana volverán a jugar al escondite con la luna. Hasta entonces, los golpes de las manos sobre el cuero nos acompañarán durante toda la noche, protegiéndonos del frío de Enero. Pero esta historia comenzó en otro Erg, y más aún, en otro puerto, pocos días antes. ¿Queréis que os la cuente?

29 de Diciembre de 2017

No recuerdo una bajada al moro con tantos momentos de cruce del Estrecho. Carles y Jose estaban ya en Azrou. David, Sole y Sorpresa nos esperaban en Erg Chebbi con su Montero. Tres coches con Carlos, Julen, Rafa, Lola, Ana y un servidor, pasábamos en el barco de las 18 h del 30 de Diciembre para dormir en Tánger. Y al día siguiente, Pasaban a pata Helena, Urmila y Borja, para coger un 4×4 de alquiler en el aeropuerto de Tánger. Y bajar con él del tirón hasta Erg Chebbi donde nos encontraríamos todos. Ese era el plan…

El barco de Intershipping zarpaba con una media hora de retraso, dejándonos ver la puesta de sor desde cubierta. Y así enfilábamos rumbo al sur con los nervios de los nuevos y las ansias de los veteranos por comenzar un viaje cargado de expectativas. El desembarco, la aduana y el cambio de dinero antes de llegar al hotel los hacíamos ya casi con los ojos cerrados, aunque nos llamó la atención que estaban reformando el viejo puerto de Tánger. Mismo vigilante del parquing, mismo precio… cargamos bultos y al Dar Bargach, no sin antes reservar mesa en el restaurante cercano a la mezquita para la cena. Era día de cruce, y no nos entretuvimos mucho, porque a la mañana siguiente tocaban diana prontito… como es costumbre en estos viajes.

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30 de Diciembre

Salimos antes de que amaneciera, porque nos esperaban 700 kms de nacional llena de todo lo que puede contener una carretera marroquí. Aunque la falta de precipitaciones nos garantizaba que no habría problemas en el cruce del Atlas. Y todo fue tan rápido y tan rodado al son de las emisoras, que apenas hay fotos hasta la altura de los Cedros de Azrou. Como íbamos bien, paramos a hacer fotos a los monos junto al camping en el que habían dormido los moteros. Y si la idea inicial era desayunar algo de fruta mientras les hacíamos fotos, el resultado final fue casi al revés…

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Afortunadamente íbamos bien de reloj y llegamos a comer a casa de mi amigo Ibrahim, que en la zona de Midelt era la avanzadilla de la estampida que luego veríamos en erg Chebbi. Pero no adelantemos acontecimientos. La comida estuvo riquísima, aunque al restaurante le falta aun mucho por crecer.

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Luego, más carretera, Errachidia (donde perdimos un buen rato intentando configurar los datos de los tlfs), gargantas del ziz, y predesierto. Llegábamos al erg para ver solo sus silueta, y hacer imaginar a los nuevos lo que les esperaba a la mañana siguiente…

En la Kasbah, nos encontramos con Jose y Carles con sus motos, y con David y Sole, que habían incorporado a última hora a su hijo Mario, todo un personaje. Como anfitrión, nos esperaba Jousin, hijo de Said y Hermano de Hassan (sí, como en la Biblia pero a lo árabe) que nos aseguraba esta vez habitaciones mejores que las del pasado año, claro que, eso era lo más sencillo a lo que se podía aspirar. Prácticamente nos dio tiempo para descargar y enfilar para el comedor a comprobar que habían regresado al sistema de Buffet libre y que había un grupo de italianos que nos iba a complicar aquellos días la manutención, a base de arrasar con todo lo que se comía sin pensar en quién viniese detrás. Claro que, con la Iglesia se habían topado… Cuando pensaban que eran mayoría, llegaron de Valencia los descendientes del Cid Campeador y pusimos la Pica en la mesa de 14 de la que ya no nos iban a mover en las dos noches que allí estaríamos.

Y así pasó el día de la bajada que este año, creo que con acierto, habíamos planificado fuerte para luego regresar poco a poco hasta Tánger y de este modo llegar menos cansados al barco de vuelta.

 

31 de Diciembre

Por la mañana teníamos apalabrado con Moha, el chico que nos siguió el año anterior para ver con incredulidad cómo atravesábamos de la pista del Dakar a Merzouga por Oubira, que nos guiase desde su posición alta del Quad para garantizar el éxito en un trazado más ambicioso: Entrar por Jasmina y salir por Merzouga, es decir, atravesar de norte a sur gran parte del erg. Era algo que ya habíamos hecho en sentido inverso hacía años, pero sin conocer bien el desierto y con el movimiento de las dunas al antojo del viento, eso nos llevaría un día entero y muchos atranques. Además, llevando SUV la mitad del grupo y bajo la presunción de inexperiencia de novatos hacerlo solos nos parecía utópico.

Por otra parte, el grupo de cruce a pié se había encontrado en el aeropuerto un precioso Jeep Renegade en lugar del dacia Duster 4×4. Y dicho yankee de 4×4 lo único que tenía era el número de ruedas. Así que habían reclamado y tenían un Dacia en camino, sin seguridad de la hora de recepción. Así las cosas, tras desayunar con batalla campal por los gaifs contra los de Mussolini, se presentaba allí un amigo de Moha, con el quad, y mi amigo Said, dispuesto a guiarnos también de copiloto en algún coche, ya que no le había llegado mi aviso de que ya teníamos guía. Al final hablamos con unos y con otros y decidimos tomar la opción quad como más didáctica y quedar con Said para la comida en Kamilia.

 

Así salíamos agrupados en 3 coches, 2 TT y mi SUV, como patitos detrás de mamapato hasta la zona de Jasmina, donde paramos a cumplir con la rutina de bajar presiones. Las expectativas estaban altas, así que las dejamos a 1 kg.

Y sin más preámbulo, salíamos a hacer dunas. El quad abría, Carlos seguía y yo escoltado por el Montero de David, que ese día iba a disfrutar de lo lindo en la arena. Jose iba en su moto aquí y allí valorando los trazados del quad y echando una mano por el walky.  Nunca habíamos entrado por ese punto y la verdad es que el acceso era mucho más sencillo que por otros bordes del erg. Hay bastantes dunas pequeñas al principio, y luego se suaviza a par que se llega a algunas zonas de haimas de los hoteles de Erg Chebbi. A partir de que ya se había entrado en el erg, se trataba de ir avanzando a brújula hacia el sur, retomando en sentido inverso el track que habíamos hecho hacía años.

Primeros atranques

El path como pez en el agua


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El Forester se mueve sorprendentemente bien por la arena, eso sí, hay que quitar las bigoteras del parachoques si no queremos dejar allí los pasos de rueda de plástico…

 

 

Hay dunas para aburrirse allí arriba…

Al rato de coger el track antiguo, el quad empezó a separarse hacia el Oeste, a la par que Jose empezaba a decir que le daba la impresión de que no estábamos entrando por la zona que se veía más sencilla desde arriba. Encima, cuando llevábamos un par de horas escasas en la arena, el quad empezaba a calarse. Cada vez costaba más trabajo arrancarlo, y en un momento dado, aprovechamos el cruce con una caravana de guiris guiados en ATV para comprobar que tenía el nivel de aceite extremadamente bajo. Afortunadamente ambos guías se conocían y tenían aceite para rellenar, aunque no se quedó por la parte alta del nivel.

 

A partir de ahí se sucedieron varios calones, tanto del guía como de Borja que parecía controlar el vehículo bastante mejor que él. Durante un rato acabó pilotándolo mientras el de Merzouga indicaba sentado detrás, hasta que en una de las paradas, el motor dijo basta y no volvió a arrancar. Habríamos perdido fácilmente dos horas entre buscar averías, rellenar aceite, intentar arrancarlo, etc. Así que tomamos la decisión de montar al guía en un coche y salir de allí con Jose guiando desde la moto. Incluso en un punto otro gúia desde otro quad nos dijo que debíamos alejarnos más de la gran duna de Oubira porque por allí nos iba a costar mucho pasar: definitivamente, nuestro antiguo track iba mejor que las indicaciones del guía local… que demostró conocer peor el desierto que su amigo Moha. Eso no era lo pactado, y empezábamos a estar molestos con la situación.

Con las últimas indicaciones y siguiendo a Jose, pronto volvimos a caer en el viejo track y llegamos por él a la zona de Oubira. Desde allí eran apenas 10 minutos bajar a la zona dura que hay en dirección a Merzouga, así que como íbamos ya un poco tarde, ni paramos a saludar. Subimos presiones, y a comer en medio de un concierto de timbales en el poblado negro.

La comida y la hospitalidad de este sitio nos lleva a repetir año tras año en Kamilia. Estando en Kamilia llamó Moha para ver qué pasaba con su salario, y para su enfado, le dijimos que le daríamos 20 € en lugar de los 70 pactados porque lo que nos había dado no era lo que le habíamos pedido. Nos  había mandado a alguien que no conocía bien la zona en un vehículo sin aceite y con un fallo en el arranque. Y así quedó la cosa.

Durante la tarde hubo distintos planes: Unos fueron a ver la cárcel portugesa, otros a jugar con el recién llegado Dacia y con su Jeep Compass por la arena, para entrenar de cara al siguiente día de arena, y otros a descansar.

En la cena volvió a ocurrir lo de días pasados, desorden, estratagemas y escaramuzas varias para pillar aquello que estaba más rico de lo servido en el bufet, pero la sangre no llegó al río. Después, cada uno se comió doce cosas diferentes para celebrar el final de año, y nos fuimos a descansar, tras asomarnos a ver la luna sobre las dunas.

 

Continuará…

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Respuestas a esta discusión

Cuando leo esto, cada vez tengo más ganas de poder vivir pronto esta experiencia, espero que pueda ser cuanto antes.

Enhorabuena por el viaje!

Hacía años que no sabía de tus crónicas. Veo algún coche rojo conocido y algunas dunas familiares.

Aún no se lo he diche, pero este XV va a pisar arena.

Me quedo al siguiente capítulo

Van de cine los subarus en la arena... igual que un TT con reductora de los que se ven por allí, para sorpresa de los locales que no han visto uno en su vida...

1 de Enero de 2018

El año empezaba con el traslado de la base desde un desierto al otro, Erg Chebbi por Ouzina. Cogimos la variante norte del trayecto, y la verdad es que resulta mucho más ameno y fotogénico que la sur, la del año pasado y otras veces. Algún lago seco, cómo no, y mucho predesierto, con algo de barro y arena. Llevaba los dedos cruzados tras el repetido fiasco del riad anterior, ya que había puesto bastantes expectativas en el que gestiona TGM, y las colmó con creces. Allí nos recibiría Jousin, el hemano de Alí, mi contacto durante la preparación de ese día. En él recaía la responsabilidad de hacernos de guía por la zona, que conocíamos de pasar varias veces, pero en la que queríamos en esta ocasión profundizar más.

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Riad Ouzina

Apenas llegamos, cogimos habitaciones, tomamos el té, y nos dispusimos a salir. Iríamos a la aldea de Ouzina. Primero nos acercamos hasta la escuela, donde nos esperaba el maestro, con quien llevaba tiempo organizando un intercambio de dibujos con mis alumnos de España, que les permitiera conocer la realidad de otros entornos. Para comer nos llevaría hasta la casa de su familia, donde degustamos una pizza bereber y unos dulces que nos supieron a gloria. Fue todo un lujo comer en casa de un lugareño, y más aun que nos enseñase sus recovecos, los alrededores y los huertos del poblado, para comprobar qué se cultivaba allí, y cómo a base de pozos podían subsistir sin demasiados problemas a pesar de la poca agua que vemos en la superficie en aquella zona. Eso sí, muchas de las cosas que consumen vienen de Rissani, nada de autosuficiencia... pero eso quiere decir que hay otras fuentes de ingresos además de la Kasbah por la aldea.A continuación, nos enseñó una cantera de fósiles cercana que haría las delicias de los que tenían cierto espíritu paleontológico. Y de remate, hasta saciarnos, nos fuimos a las dunas de Ouzina a hacer fotos del atardecer y a jugar con la arena.

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La cena, demostró las dotes culinarias del cocinero del riad, realmente fantásticas. Y para amenizar la sobremesa, montamos un concierto de timbales bajo la luna en un entorno que no se pagaba con dinero. Creo que fue uno de esos días que difícilmente vamos a olvidar…

 

 https://cronicaventura.com/2018/01/05/llamas-en-la-arena/

Increíble viaje y relato. Me quedo por aquí.

Saludos

Que lujo..
Yo todavía no he tenido oportunidad de bautizar mi Forester por esos lugares y terrenos a pesar de vivir en Melilla y tener marruecos a tiro de piedra... Si es que en casa de herrero cuchillo de palo. Jaja..
Con el Kia sorento y el grand cherokee anteriores que tuve si fue posible y merece la pena.
Bueno.. Todo se andará..

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2 de Enero de 2018

Estábamos a solo 60 kilómetros de Mharrech. Es decir, el día dos era la etapa de relax, por así decirlo, del viaje. Había tiempo para no madrugar mucho, desayunar con los gaif recién hechos, ir a jugar un rato a las dunas, y salir tranquilamente para que nos diese la hora de comer en Ramlia, casi a medio camino. Y eso que íbamos a no-ir por el más corto…

Lo primero, como estaba previsto, fue ir a la arena por tercera vez en el viaje. No creo que nadie pueda quejarse de haberse quedado con ganas de este medio durante el viaje… bueno, o quizás sí, que hay mucho insaciable por ahí suelto… la cuestión es que aprovechamos para grabar varios vídeos, subir rampas de arena, y hacer muchas fotos, y poco antes de las 12, recoger las cosas del albergue Ouzina TGM para tras las despedidas a ese grupo tan estupendo, salir hacia Remlia.

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Quería repetir el track que en 2012 me había enseñado Jordi, del albergue Ouzina, y que tenía grabado en el GPS. En un lago seco estuvimos haciendo un vídeo, y a partir de ese momento, las motos se nos despistaron tomándonos ventaja y saltándose el tramo de rodeo que tenía pensado hacer y que no llevaban en sus navegadores. Como recordaba, ascendía paralelo a una ladera de hammadas sin muchas dificultades, y luego entraba en una garganta en la que se puede ver perfectamente cómo se va formando un desierto, para desde ahí descender hasta justo Remlia.

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Allí nos dieron cuenta de que los compañeros de dos ruedas habían pasado hacía ya un rato, así que compramos pan y unos dulces ¡en una pastelería! y nos fumos a dar cuenta de las viandas que habían traído unos cuantos debajo de una gran acacia. Desde allí, seguimos rumbo manteniendo la pretensión de llegar con luz de día a Mharrech, pasando por la Ciudad Perdida, una parada obligada si se pasa cerca, pues tiene unas vistas estupendas desde su situación privilegiada, que tuvo que ver tiempos geológicamente más afortunados.

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Luego tomamos hacia el paso del Oued Reris que tenía marcado a continuación del pequeño mar de dunas que vimos años atrás, pero al llegar nos encontramos que en lugar de ser dunitas rodeables, se habían ido uniendo de manera que lo que apenas se podía ver eran las zonas duras que las rodeaban. Para colmo, el paso de una prueba deportiva había dejado la arena bastante suelta… Y aquél fue el sitio elegido para tener una vez más la excusa de llegar de noche a Maharrech. Atranque tras atranque, creo que echamos un buen rato en hacer un par de kilómetros, hasta el punto de que vimos la necesidad de explorar la salida los que estábamos desatascados aprovechando las últimas horas de luz, para crear un track por el que guiar a los otros tres coches cuando ya no hubiese luz. Y así hicimos… de forma que una vez estuvieron todos libres la salida fue rápida. Y de ahí al famoso desfiladero ya no hubo más incidencias, ni paradas más allá de una para disfrutar del silencio y la oscuridad de la noche del desierto, rota solo por la luna llena que nos hartamos de fotografiar.

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Llegamos a Mharrech a buena hora para ducharnos antes de las cenas, y disfrutamos del merecido descanso agasajados por los amigos que ya nos conocen de tantas veces y que no temen en mostrar su alegría sincera en cada encuentro. No perdonamos otro concierto de timbales para despedirnos del desierto por este año, no sin quedarnos enganchados otro poquito más a él.

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